Viajar sola: aprender a elegir, equivocarse y descubrirse

Empezar a viajar sola no es solo conocer un lugar, es el inicio de una versión más libre y más completa de una misma. Nos toca conocernos, decidir y asumir los errores. Aprendemos cómo somos al planificar, al elegir e incluso cuando se nos presenta un problema.
Hay algo mágico que se mezcla con un poco de miedo al subir a un avión sola, llegar a un nuevo lugar, recorrer calles desconocidas e incluso encontrarse con un idioma diferente. Pero al final del desafío que hay en esas dudas y errores, se encuentra la recompensa: esa versión más libre y completa que puede afirmar "Si pude con esto y puedo con todo lo que venga".
En el aeropuesto en espera Una noche especial Viajando en micro
Elegir y hacerse cargo
Cuando nos preguntan por qué viajamos solas, la frase más simple para responder es "yo decido, yo elijo", pero detrás se esconde algo más profundo. Toda elección conlleva una consecuencia que puede ser buena o mala. A su vez, toda elección implica dejar algo de lado, porque siempre elegimos A sobre B.
Así que viajar sola es elegir, pero también es aprender a decidir, entender qué nos gusta y qué no, así como tambiém conocer de qué manera lidiamos con las consecuencias. Si llegamos tarde, si hicimos mal una reserva, si perdimos plata o elegimos una experiencia que no nos gustó; tanto los aciertos como las equivocaciones son responsabilidad nuestra. Y es por ello que debemos aprender no solo a enfrentar los errores, sino también a solucionarlos.
Viajar sola nos enseña cosas sobre nosotras mismas, nos muestra nuestros límites y nuestros intereses, cómo nos hablamos y qué pensamos cuando estamos en soledad. Pero, sobre todo, es una de las mejores maneras de aprender a superar desafíos.
¿No te da miedo viajar sola?
Al principio sí, pero es mucho más fuerte la emoción de conocer nuevos lugares, historias y culturas. De manera ordenada o desordenada, por ciudades o por pueblos, viajar sola implica elegir, solucionar, aprender, resolver y disfrutar.
Es conocer gente, culturas e historias. Es estar dispuesta a conversar con extraños, pero también a tener momentos con una misma. Es una experiencia única que le deseo a toda mujer al menos una vez en la vida y que sé que seguiré repitiendo en la mía.
Viajo con amigas, en pareja y con familia. Todo nutre y todo viaje es hermoso. Pero creo que viajar sola debería ser una experiencia por vivir al menos una vez, porque lo que nos muestra y nos enseña es parte de lo que define cómo somos.
Mis experiencias viajando sola
2023: Sierra de la Ventana, el primer desafío
En agosto de 2023 tuve mi primer viaje sola. Me fui a Sierra de la Ventana a despejarme. Venía atravesando muchos cambios en mi vida y estaba a punto de dar dos o tres pasos aún más importantes, por lo que necesitaba alejarme de todo.
Me fui con una mochila, la computadora, un libro, mi cuaderno para escribir y un mate. Fiel a mí, planifiqué cada segundo, pero no pude cumplir con lo ideado. El clima, los tiempos de traslado por estar sin auto y otros imprevistos me complicaron el recorrido que había pensado.
Sierra de la Ventana - Viaje 2023 Sierra de la Ventana - Viaje 2023 Sierra de la Ventana - Viaje 2023
2024: Europa, aprender a viajar a mi manera
Un año más tarde, en julio de 2024, me fui sola a Europa. Lisboa, Madrid, Sevilla, Málaga y Barcelona fueron los destinos. Pasé de una semana en Sierra de la Ventana y tres días en Mar del Plata, en febrero de ese mismo año, a 15 días en otro continente.
Planifiqué todo. Tenía cada pasaje y cada hospedaje reservado, además de un plan casi diario con los lugares que quería conocer. Esta vez sí lo cumplí. Cambié y agregué pocas cosas, conocí gente hermosa durante las noches, pero fui fiel a mi itinerario durante el día.
Viajé sola asimilando todos esos cambios que llegaron después de Sierra de la Ventana y aprendiendo muchas cosas nuevas sobre mí.
Plaza Sevilla - Viaje 2024 Madrid - Viaje 2024 Lisboa - Viaje 2024
2025: Italia y España, animarme a improvisar
En agosto de 2025 volví a salir del país, otra vez a Europa. Esta vez me fui a Roma, Nápoles, la Costa Amalfitana y nuevamente Madrid. Había un plan, había investigación, todos los hostels estaban reservados y los pasajes de avión comprados, pero esta vez improvisé más.
Cambié los días de algunos planes para coincidir con gente que conocí, dejé otros de lado y hubo lugares a los que no fui. Conocí personas en excursiones y ciudades, y pasé tardes enteras charlando con gente de todas partes del mundo. Hice planes de día y de noche. Algunas de esas personas hoy siguen en mis redes sociales y otras simplemente son un recuerdo en alguno de mis cuadernos de viaje.
Me permitió ser más libre, menos estructurada y, sobre todo, más sociable. Ya no tenía tanto que pensar y sí mucho por vivir.
Roma - Viaje 2025 Una noche con gente que jamas volvi a ver Sorrento - Viaje 2025
2026: Salta y Jujuy, descubrir que todavía queda mucho por aprender
En octubre de 2026 volví a pasar 15 días viajando sola, pero esta vez lo hice en mi tierra. Con experiencia, con capacidad de resolución y, sobre todo, con gustos claros, me subí a un avión para luego viajar por Salta y Jujuy.
Planifiqué todo con poco tiempo y poca información. Esta vez, la falta de organización no me salió bien. Armé un viaje más pensado para hacer en auto que para recorrer sola con dos mochilas y sin vehículo propio. Cometí muchos errores y también algunos aciertos.
En pleno viaje descubrí muchos planes que no sabía que quería o podía hacer. También me encontré con horas de tranquilidad, sin poder hacer nada más que descansar, algo a lo que no acostumbro cuando estoy de viaje.
A diferencia de mis viajes a Europa, donde pasaba entre 12 y 14 horas paseando, en este hice muchísimas caminatas y recorrí numerosos lugares, pero también pasé tardes escribiendo, estudiando o proyectando.
Paleta del Pintor - Jujuy Noche de peña en Salta Tren a las Nubes
Un paso en la vida que vale la pena dar
Viajar sola, sobre todo por primera vez, no es solo viajar: es aprender a descubrir quiénes somos y cómo somos. Nos enseña a disfrutar de nuestra propia compañía, a festejar nuestros aciertos y a transitar nuestros errores. Es un paso para conocernos, crecer como personas y, sobre todo, entender que no debemos esperar el acompañamiento ni el visto bueno de nadie para empezar a disfrutar.
Es una experiencia única para cada persona. Las vivencias y los aprendizajes jamás serán iguales, incluso entre un viaje y otro, sin importar cuánta experiencia tengamos. Pero es una experiencia que, al menos una vez en la vida, vale la pena animarse a vivir.

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